Una de las formas en como funciona el Partido Revolucionario Institucional (PRI) es determinante, sin ningún remordimiento. El interés grupal del partido se mueve bajo los hilos del primer circulo del partido, de aquellos que están por entrar en la presidencia nacional y no de partido, este último es alimentado después del primer circulo y así sucesivamente hasta llegar a la población, sin embargo lo que importa y lo que es interesante es el cómo se deshacen de los problemas. Lo común es decir que no hay ningún problema porque simplemente los desaparecen para ejemplo basta un botón.
La forma de deshacerse de los problemas, para los políticos, siempre ha sido la misma actuación. AMEDRENTAR, MATAR Y GUARDAR SILENCIO , así es la forma en que cómo las ordas políticas se mueven.
Otro de los ejemplos es el análisis que se hizo después de la muerte de Miguel Nazar Haro quien fue uno de los responsables del genocidio del '68 y de los excesos del PRI, sin embargo lo que da mas miedo es la visión opaca de la sociedad por lo que le invito a escuchar a los periodistas.
CREDITO:
Rubén Martín
La muerte de Miguel Nazar Haro a los 84 años, ocurrida el jueves pasado
en la ciudad de México, abrió de nuevo el debate sobre la impunidad con que
poco a poco van terminando su vida los responsables de la guerra sucia en
México.
Como todos los debates, en este tema hay controversia. ¿Fue Nazar Haro
un eficiente policía secreto que ayudó a defender al sistema político mexicano
de sus adversarios más feroces o fue un policía responsable del secuestro,
tortura y asesinato de miles de disidentes en el país?
¿Nazar Haro fue el último soldado de la guerra fría, como lo llama el reconocido periodista Raymundo Rivapalacio,
o fue un funcionarios de la guerra sucia a quien se le toleró incluso que
participara en una banda trasnacional del crimen organizado dedicada al robo de
autos?
El modo como planteo las preguntas anticipan mis respuestas. Para mi
Nazar Haro fue el prototipo del policía secreto mexicano, frío y sanguinario,
responsable del seguimiento, infiltración, de la persecución, secuestro,
tortura y asesinato de miles de mexicanos.
Más que ser un simple soldado de la guerra fría, como propone
Rivapalacio, Nazar Haro aprovechó el contexto de la guerra fría para armar una
temible policía secreta, la Brigada Blanca, con el conocimiento y complacencia
de los altos mandos del Estado mexicano.
En el Archivo General de la Nación existe evidencia documental. Se llama
Plan de Operaciones Número Uno y se encuentra en el Archivo General de la
Nación (Sergio René de Dios Corona, La historia que no pudieron borrar. La
guerra sucia en Jalisco, 1970-1985, La Casa del Mago, Guadalajara, 2004).
La Brigada Blanca se creó el 7 de junio de 1976, concebida y dirigida
desde un inicio por Miguel Nazar Haro. Su nombre original era Brigada Especial
Antiguerrillera (BEA) y se integró por 240 elementos de siete corporaciones:
ejército mexicano (policía federal militar y policía judicial militar),
Dirección Federal de Seguridad (DFS), Procuraduría General de la República
(PGR), Procuraduría de Justicia del Distrito Federal, Dirección General de
Policía y Tránsito del Departamento del Distrito Federal, y Procuraduría
General de Justicia del Estado de México. Tenía su sede en el Campo Militar
Número Uno del Distrito Federal y las instalaciones del Segundo Batallón de
Policía Militar se usaron como centros de detención clandestina.
Ahí se encerró y torturó a cientos de personas que padecieron la
desaparición forzada y las ejecuciones extrajudiciales.
A pesar de negarlo en público, en privado los gobernantes mexicanos
sabían de la existencia y la forma de operar de esta temible policía secreta
mexicana.
Aunque en público el presidente José López Portillo negaba la existencia
de la Brigada Blanca y de la autorización para poner en práctica una política
represiva, en sus memorias sí admitió la existencia de dicha agencia represiva.
“Se sigue desgranando la Liga Comunista 23 de Septiembre. Casi cada día caen
algunos de sus miembros. La brigada creada al efecto y la gente de Durazo están
haciendo un buen trabajo”, anotó con sangre fría el entonces jefe del Estado
mexicano en su diario personal el 12 de junio de 1977 (Sergio Aguayo, La
charola. Una historia de los servicios de inteligencia en México, Grijalbo,
2001). Era una época verdaderamente aciaga en términos de represión política.
Algunos achacan el inicio de la guerra sucia al surgimiento de la
guerrilla y creen que los grupos armados emergieron por el apoyo del gobierno
soviético o por emular al guevarismo imperante en América Latina en los 60´s y
70´s del siglo pasado. Es una postura que considera casi inevitable la constitución
de agencias represivas del tipo de la Brigada Blanca para defender al Estado de
sus retadores armados.
Quienes interpretan así las cosas olvidan el contexto de antagonismo
social y de conflictos sociales que imperaba en el país al declinar la hegemonía
priista y al manifestarse en México los efectos de la crisis capitalista
mundial de fines de los 60’s.
No se puede olvidar que la guerrilla en Guerrero surge más bien como
ejército de autodefensa campesina, o que miles de sujetos (sobre todo jóvenes)
que decidieron retar con las armas al Estado venían de un contexto de represión
política generalizada y de cerrazón del régimen tras las matanzas de 1968 y de
1971.
Con sus variantes, esa fórmula se repitió en distintos puntos del país.
En Jalisco, por ejemplo, la guerrilla surgió de la represión a grupos
estudiantiles que pedían democracia en la Universidad de Guadalajara, entre
1970 y 1973. En lugar de abrirse a la democracia universitaria (ni siquiera se
pedía democracia en todo el sistema) el gobierno federal y el estatal y
municipal apoyaron y armaron a la Federación de Estudiantes de Guadalajara
(FEG) para exterminar al Frente Estudiantil Revolucionario (FER), y lo
consiguieron. Asesinaron a decenas de estudiantes. Los que quedaron engrosaron
tres grupos guerrilleros en la Guadalajara de los 70´s. Y hasta Guadalajara
acudió en varias ocasiones Nazar Haro para coordinar los operativos para
liquidar a los guerrilleros y a sus organizaciones.
Ese fue Nazar Haro, más que un soldado de la guerra fría, un general de
la represión política que exterminó a miles de disidentes del Estado mexicano.
Y se le premió con la impunidad.
En lugar de pagar por sus crímenes, los gobiernos federales lo
encubrieron y, en secreto, lo reconocieron como un eficaz y frío policía represivo.
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